CULTURA CLÁSICA II

1-ANTECEDENTES DE LA GUERRA DE TROYA I: BODAS DE TETIS Y PELEO

Las consecuencias de dos acciones de Zeus, aparentemente inconexas, acabarán confluyendo y provocando la guerra de Troya. Vamos a estudiar a continuación la primera de estas acciones.

Bodas de Tetis y Peleo

Zeus está enamorado de Tetis, pero debe renunciar a su amor, porque sabe por un vaticinio que el hijo que ésta tenga será superior a su padre. Es más, si no quiere que los Olímpicos sean derrocados, deberá impedir que Tetis se case con un dios y obligarle a unirse a un mortal.

El mortal elegido por Zeus, por consejo del sabio centauro Quirón, será Peleo, el rey de Ptía, en Tesalia.

Pero…¿quién es Tetis? Es una nereida, es decir, una de las 50 hijas de Nereo, “El Viejo del Mar”, dios marino anterior a Poseidón, hijo de la mismísima Gea (Tierra) y de Ponto (Mar). Tetis, como diosa que es, no quiere casarse con un mortal, pues sabe que, si lo hace, estará condenada a sufrir. Así que, cuando le obligan a casarse con Peleo, intenta resistirse metamorfoseándose en toda clase de fieras, de escurridizos animales marinos, en fuego, en agua…(pues los seres marinos suelen tener el don de la transformación en la mitología griega)

El combate de Tetis y Peleo.

Pero el hábil Peleo, que ha recibido lecciones de caza de su amigo Quirón en el monte Pelión, consigue atraparla finalmente, de manera que a la nereida no le quedará más remedio que aceptarlo por esposo.

A la boda, celebrada precisamente en el monte Pelión, están invitados todos los dioses: los Olímpicos, las Musas, las Cárites, las Horas…Peleo recibe preciosos regalos de ellos: un armadura extraordinaria, Janto y Balio, dos veloces caballos inmortales capaces de hablar… Todo está saliendo a la perfección, pero se ha cometido un pequeño fallo. En realidad, allí no están todos los dioses: se han olvidado de invitar a la diosa Eris, la Discordia. Olvido, por otra parte, comprensible, pues ¿quién querría ver a la personificación de la riña el día de su boda?.

Eris, ofendida, irrumpe en la celebración con la intención de vengarse sembrando la discordia, claro. Para desconcierto de todos, lanza a los invitados una manzana de oro con la siguiente inscripción: “PARA LA MÁS BELLA”. Inmediatamente Hera, Atenea y Afrodita empiezan a discutir por la manzana (de la discordia, claro). A Zeus, por ser el dios supremo, le corresponde en principio otorgar el fruto a una de ellas. La cosa no es nada fácil: Hera es su esposa, Atenea, su hija y Afrodita, la diosa del amor. Se la dé a quien se la dé, las otras dos se le echarán encima…

Bodas de Tetis y Peleo. Jacob Jordaens. 1636

Así que Zeus, que además de mujeriego era muy sabio, decide delegar en otro. Le pide a Hermes que le entregue al troyano Paris la manzana, para que éste decida.

El juicio de Paris

El joven y bello Paris, también llamado Alejandro, se hallaba en ese momento en el monte Ida, junto a Troya, apacentando un rebaño de bueyes. Aunque se había criado como un pastor, era, sin saberlo, príncipe de Troya, hijo de los reyes Príamo y Hécuba. En efecto, cuando Hécuba estaba embarazada de él, soñó que daba a luz una antorcha que incendiaba y arrasaba la ciudad y, temiendo que el bebé fuera algún día causante de la destrucción de Troya, decidieron abandonarlo.

Como íbamos diciendo, Hermes se le aparece en compañía de las tres diosas y le entrega la manzana de oro. Paris queda deslumbrado ante la belleza de las tres inmortales. Verdaderamente no sabe a quién dar el codiciado trofeo. Para ayudarle a decidir, cada una le ofrece algo a cambio:

-Hera, reina de los dioses, le promete entregarle la soberanía de Asia;

-Atenea, diosa de la guerra inteligente, le asegura que lo hará invencible en el combate;

-Y Afrodita, diosa del amor, le garantiza el amor de la mujer más bella.

El juicio de Paris. Pieter Paul Rubens. 1638

Paris no duda: la manzana de oro será para Afrodita…

2-ANTECEDENTES DE LA GUERRA DE TROYA II: LEDA Y EL “CISNE”

Ya tenemos a Paris a la espera de que Afrodita le ayude a conseguir a la mujer más hermosa. ¡Que siga esperando un poco más! Ahora tenemos que conocer cuál es la otra acción de Zeus que desembocará en la guerra de Troya.

Leda y “el cisne”

El Cronida (Zeus) siente de repente una pasión irrefrenable por Leda, que está felizmente casada con Tindáreo, rey de Esparta. Para evitar la ira de Tindáreo y para no calcinar a Leda con su resplandor, Zeus se acerca a la joven en forma de suave e inofensivo cisne.

Leda y el cisne. Taller de Leonardo da Vinci

Nacimiento de Helena

Este acercamiento pasa a mayores y al cabo de nueve meses Leda pone un huevo, del que nacerá, ya hechita, la bella Helena, Helena de Esparta.

Nacimiento de Helena del huevo

Es tan bella desde el principio que, siendo prácticamente una niña, es raptada por Teseo, príncipe de Atenas. Sus hermanos los Dióscuros, Cástor y Pólux, la rescatan, pero Tindáreo, que la quiere como si fuera hija suya, comprende que debe casarla cuanto antes.

El juramento de los pretendientes de Helena

El rey de Esparta, pues, convoca a todos los pretendientes de Helena. Allí se presentan los más aguerridos héroes de Grecia: Menelao, Áyax Oileo, Áyax Telamonio, Filoctetes, Ulises…Tindáreo no sabe con quién desposarla, así que le pide consejo a Ulises, el más astuto. Éste le recomienda que deje elegir a Helena, pero que se asegure de que todos los pretendientes se comprometen por juramento a defender el honor de la pareja, en caso de que algún hombre vuelva a secuestrar a Helena.

Una vez sellado el juramento por todos los allí presentes, Helena elige al rubio Menelao, hermano de Agamenón e hijo de Atreo.

Al cabo de un tiempo Tindáreo cede el trono de Esparta a su yerno Menelao.

3-EL DESENCADENANTE DE LA GUERRA DE TROYA: EL RAPTO DE HELENA

Mientras, en el monte Ida, a Paris le ha dado tiempo a descubrir quién es en realidad. Estando un día apacentado sus rebaños, vio cómo unos sirvientes de Príamo le robaban su mejor toro. Paris no restó impasible, sino que les siguió los pasos hasta la ciudad de Troya. Allí observó que su toro iba a ser el premio para el ganador de unos juegos que había instaurado Príamo en memoria de su hijo “muerto”.

Paris decide participar en la competición y gana una a una en todas las disciplinas. Cuando los demás hijos de Príamo, envidiosos, están a punto de matarlo, Hécuba, la reina, lo reconoce e inmediatamente le otorgan todos los honores propios de un príncipe.

Afrodita no puede demorar mucho más el cumplimiento de su promesa, así que llama a su hijo Eneas, fruto de su apasionado romance con el troyano Anquises, y le pide que acompañe a Paris a Esparta.

Una vez en Esparta, Menelao y Helena agasajan a sus huéspedes cumpliendo con las normas de la sagrada hospitalidad, protegida por Zeus. Pero Paris no corresponderá de la misma manera a sus anfitriones, pues aprovecha una breve ausencia de Menelao para llevarse a Helena a Troya.

Paris y Helena

Ahora bien, ¿le siguió Helena voluntariamente o a la fuerza? Juzgad vosotros mismos, como hicieron los antiguos griegos.

El caso es que, cuando Menelao regresó a Esparta y vio que Helena se había marchado a Troya con Paris, se dirigió a Micenas para pedirle ayuda a Agamenón, su hermano y el más poderoso de los reyes aqueos o griegos.

Éste inmediatamente convocó en Áulide a los antiguos pretendientes de Helena, pues todos estaban comprometidos por juramento a defender el honor de Menelao.

4-AQUILES, IMPRESCINDIBLE PARA LA TOMA DE TROYA

La invulnerabilidad de Aquiles

En Ptía, mientras tanto, Tetis y Peleo tienen un hijo: Aquiles. La nereida, angustiada por la posibilidad de que su hijo muera, lo somete a un ritual para hacerlo invulnerable. Lo sumerge en las aguas de la laguna Estigia sujetándolo por el talón y, cuando está a punto de completar el ritual, Peleo se lo arrebata pensando que quiere ahogar al pequeño.

Tetis sumerge a Aquiles en la laguna Estigia

Tetis no le perdona su error a Peleo y, como no puede soportar la idea de que Aquiles tenga un punto vulnerable, decide volver al fondo de los mares con su padre Nereo y sus hermanas las nereidas.

La educación de Aquiles

Peleo, al verse solo con el niño, decide entregárselo a su buen amigo el centauro Quirón, para que le enseñe todas las artes en el monte Pelión. (Aunque según otras versiones su preceptor y también el de su amigo Patroclo fue Fénix)

Quirón y Aquiles

Aquiles en la isla de Esciros

Pero al cabo de un tiempo Tetis se entera por un oráculo de que su hijo morirá en Troya. Así que, en cuanto sospecha que se está organizando la expedición, emerge del mar para ocultar a Aquiles disfrazado de mujer entre las cincuenta hijas de Licomedes, rey de la isla de Esciros. Aquí lo conocerán como Pirra, “la de pelo de fuego”, y tendrá un hijo con Deidamía, una de las hijas de Licomedes: Pirro o Neoptólemo.

Poco le durará, sin embargo, esta vida apacible, pues el adivino Calcante proclama que no se podrá tomar Troya sin la ayuda de Aquiles. Inmediatamente el astuto Ulises se pone en su busca. Cuando descubre su escondite, urde un ingenioso plan para desenmascararlo: haciéndose pasar por mercader de tejidos y joyas para mujer, extiende en una sala del palacio de Licomedes su mercancía y deja junto a ella una espada. Cuando todas las muchachas están tocando los tejidos y probándose las joyas, Ulises hace sonar una trompeta en señal de peligro. Instintivamente una de las jóvenes arroja las telas y se lanza a por la espada para defender a las demás. Ulises lo tiene claro: no puede ser “otra” que Aquiles.

Aquiles en Esciros, descubierto por Ulises

Tetis, al enterarse, sale de nuevo a la superficie y le comunica a su hijo su destino en un último intento de salvarlo de la muerte prematura: “Si vas a Troya, tendrás una vida breve, pero con gloria; si no vas, llegarás a viejo, pero tendrás una vida gris y sin fama”.
Aquiles elige la vida breve con gloria y marcha sin dudarlo con Ulises al frente de sus hombres, los mirmidones, entre los que se halla Patroclo, su amigo del alma.

Tetis y Peleo se despiden de su hijo entregándole la magnífica armadura y los veloces caballos parlantes, Janto y Balio, que les habían regalado los dioses el día de su boda.

5-IFIGENIA EN ÁULIDE

Una vez reunidos todos los antiguos pretendientes de Helena en Áulide y contando ya entre sus filas con el imprescindible Aquiles, Agamenón se dispone a emprender la expedición contra Troya. Pero surge un pequeño problema: la ausencia de viento impide que zarpen las naves…

El adivino Calcante le comunica a Agamenón que la causa por la que los vientos han dejado de soplar es el enfado de la diosa Ártemis. Al parecer, tiempo atrás Agamenón le había prometido a la diosa sacrificar en su honor lo más hermoso, si ayudaba a su esposa Clitemnestra a dar a luz a la pequeña Ifigenia. Cuando Ifigenia nació, Agamenón no pudo cumplir su voto a Ártemis, pues lo más hermoso era precisamente la recién nacida. Por esta antigua deuda, la diosa de los bosques, de las fieras y de las niñas, tenía todos los barcos griegos retenidos en el puerto de Áulide y sólo haría que los vientos volvieran a empujar las velas, si Agamenón sacrificaba allí mismo a su querida hijita.

Agamenón se horrorizó ante las palabras de Calcante. Tenía que elegir entre cumplir como rey o cumplir como padre y esposo. Tras mucho dudarlo optó por lo primero: en una carta le pidió a Clitemnestra que enviara a su hija Ifigenia lo antes posible a Áulide desde Micenas, con el pretexto de desposarla con el bravo Aquiles.

Cuando Agamenón vio llegar a la ingenua Ifigenia vestida de novia, se le partió el corazón, pero, finalmente, la condujo hasta el altar sacrificial para contentar a Ártemis. Al día siguiente volvieron a soplar los vientos y los griegos pudieron zarpar rumbo a Troya.

Sacrificio de Ifigenia

¡Sí, había sacrificado a su propia hija!. Sin embargo, según algunas versiones, en el momento en que el cuchillo se iba a clavar en la muchacha, la diosa Ártemis la sustituyó por una cervatilla y a Ifigenia la condujo como en una nube hasta Táuride, para que allí ejerciera de sacerdotisa en su templo.

6-RAPSODIA I DE LA ILÍADA DE HOMERO: LA CÓLERA DE AQUILES

Los griegos asedian la ciudad de Troya, también llamada Ilión, durante nueve años. A lo largo de este tiempo Aquiles, Agamenón y los demás aqueos se han dedicado a saquear poblaciones vecinas para repartirse el botín. En uno de estos asaltos Agamenón había obtenido como botín a Criseida, hija de un sacerdote de Apolo llamado Crises, y a Aquiles le había correspondido Briseida.

Homero comienza su poema en el décimo año, en el momento en que Crises se presenta en el campamento griego, a los pies de Troya, para rescatar a su hija. Como Agamenón se niega a devolvérsela, el sacerdote le pide a Apolo que castigue a los aqueos.

“Le oyó Febo Apolo, e irritado en su corazón, descendió de las cumbres del Olimpo con el arco y el carcaj en los hombros (…). Iba parecido a la noche”

Apolo, que es el dios de la curación, pero también de la enfermedad, lanza sus flechas mortíferas sobre el campamento griego, propagando una terrible peste.

Los griegos y Aquiles en especial, viendo los fulminantes efectos de la peste, le piden a Agamenón, rey de reyes, que libere a su cautiva Criseida, pero éste se resiste. Finalmente, ante la presión de sus hombres Agamenón accederá a devolvérsela a Crises, pero, a cambio, se quedará con la cautiva de Aquiles: Briseida.

Agamenón se lleva a Briseida de la tienda de Aquiles

Aquiles, el mejor de los guerreros griegos, monta en cólera contra Agamenón, pues el botín es la expresión material de su gloria. Tan humillado se siente, que decide retirarse del combate con su mejor amigo Patroclo y todos sus hombres, los mirmidones.

La nereida Tetis, apenada por el ultraje que ha sufrido su hijo, le pide a Zeus que apoye en la lucha a los troyanos, para que así los griegos noten más la ausencia de Aquiles.

Tetis suplica a Zeus que apoye a los troyanos

7-RAPSODIA III: COMBATE SINGULAR ENTRE MENELAO Y PARIS

Para satisfacer a Tetis, Zeus le aconseja a Agamenón que cambie de estrategia: que ponga fin al asedio y se enfrente directamente a los troyanos.

Griegos y troyanos acuerdan, pues, acabar con esa situación enfrentando en combate singular a los principales interesados: Paris y Menelao. Ambos bandos se comprometen mediante juramento a aceptar el resultado: el vencedor se quedará con Helena y asunto resuelto.

Menelao hiere a Paris con su lanza y lo arrastra por el suelo agarrándolo del casco, pero…Afrodita, que velará siempre por el bello troyano, rompe la correa del casco y se lleva a Paris a su palacio de Ilión envuelto en bruma. Así que Menelao se queda con un casco entre las manos y dos palmos de narices…

Combate singular entre Paris y Menelao

8-RAPSODIA VI: DESPEDIDA DE HÉCTOR Y ANDRÓMACA

Un troyano llamado Pándaro dispara una flecha contra Menelao, violando así el juramento por el cual ambos bandos se habían comprometido a aceptar el resultado del combate singular. (Rapsodia IV)

Violado el juramento, comienza un enfrentamiento total entre griegos y troyanos. Entre los del bando aqueo-griego destacan Diomedes Tidida, Áyax Telamonio, Áyax Oileo, Odiseo Laertíada y los dos Atridas (Agamenón y Menelao), y, en el bando troyano, Héctor, hermano de Paris, Eneas, hijo de Afrodita, y Sarpedón, hijo de Zeus.

Héctor abandona por un instante el combate para ir en busca de Paris, que sigue en palacio, lejos de la lucha, y para decirles a las mujeres troyanas que realicen una ofrenda a la diosa Atenea. Al entrar en Troya ve por última vez a su esposa Andrómaca y a su pequeño hijo Astianacte:

“…el esclarecido Héctor tendió los brazos a su hijo, y éste se recostó, gritando, en el seno de la nodriza de bella cintura, por el terror que el aspecto de su padre le causaba: dábanle miedo el bronce y el terrible penacho de crines de caballo, que veía ondear en lo alto del yelmo. Sonriéronse el padre amoroso y la veneranda madre. Héctor se apresuró a dejar el refulgente casco en el suelo, besó y meció en sus manos al hijo amado, (…) puso el niño en brazos de su esposa amada, que al recibirlo en el perfumado seno sonreía con el rostro todavía bañado en lágrimas…”

Despedida de H-ector y Andrómaca

9-RAPSODIA XVI: LA MUERTE DE PATROCLO

Los troyanos, encabezados por Héctor, hacen retroceder a los griegos hasta su campamento. Los aqueos están exhaustos y desesperanzados por la ausencia de Aquiles.

Patroclo, viendo que los troyanos están a punto de prender fuego a las naves aqueas, le pide llorando a su querido amigo que le deje su armadura, para que todos crean que el Pelida ha vuelto al combate. Aquiles aprueba el plan con la condición de que se retire de la batalla en cuanto haya conseguido expulsar a los troyanos del campamento griego y haya alejado el peligro.

Cuando Héctor y sus hombres ven la armadura de Aquiles, empiezan a flaquear, al tiempo que los griegos cobran ánimo. Patroclo mata a decenas de hombres y, cegado por el ardor guerrero, sigue en el combate una vez alejado el peligro de las naves, contraviniendo las órdenes de Aquiles. Se ha apoderado tal furor de Patroclo, que mata incluso a Sarpedón, hijo del mismísimo Zeus. El dios no lo impide, pero envía a la Muerte (Tánato) y a su hermano el Sueño (Hipno) al rescate del cadáver, para poderle rendir las honras fúnebres, mientras trama el fin de Patroclo.

El cadáver de Sarpedón elevado por Tánato e Hipno

Una vez puesto a salvo el cadáver de su hijo, Zeus le ordena a Apolo que deje indefenso a Patroclo:

“(Apolo), cubierto por densa nube, atravesó la turba, se le puso detrás, y, alargando la mano, le dio un golpe en la espalda y en los anchos hombros (…)Febo Apolo le quitó de la cabeza el casco (…) y el soberano Apolo, hijo de Zeus, desató la coraza que aquél llevaba”

En segundo lugar, le hiere el troyano Euforbo:

“Patroclo se detuvo atónito, y entonces desde cerca clavóle aguda lanza en la espalda, entre los hombros, el dárdano Euforbo Pantoida”.

Y en tercer lugar, Héctor lo remata:

“Cuando Héctor advirtió que el magnánimo Patroclo se alejaba y que lo habían herido con el agudo bronce, fue en su seguimiento, por entre las filas, y le envainó la lanza en la parte inferior del vientre, que el hierro pasó de parte a parte (…) La muerte le cubrió con su manto: el alma voló de los miembros y descendió al Hades, llorando su suerte porque dejaba un cuerpo vigoroso y joven.”

Finalmente, Héctor le despoja de la armadura de Aquiles, pero Menelao consigue poner a salvo su cadáver.

Los caballos inmortales de Aquiles, Janto y Balio, que habían conducido a Patroclo al campo de batalla, lloran desconsolados su muerte:

“Como la columna se mantiene firme sobre el túmulo de un varón difunto o de una matrona, tan inmóviles permanecían aquéllos con el magnífico carro. Inclinaban la cabeza al suelo, de sus párpados caían a tierra ardientes lágrimas con que lloraban la pérdida del auriga, y las lozanas crines estaban manchadas y caídas a ambos lados del yugo” (rapsodia XVII)

10-RAPSODIA XVIII: AQUILES SE ENTERA DE LA MUERTE DE PATROCLO

Cuando Aquiles se entera de la muerte de su querido amigo, enloquece de dolor:

“Negra nube de pesar envolvió a Aquileo. El héroe cogió ceniza con ambas manos, derramóla sobre su cabeza, afeó el gracioso rostro y la negra ceniza manchó la divina túnica; después se tendió en el polvo, ocupando un gran espacio, y con las manos se arrancaba los cabellos.”

La nueva armadura de Aquiles

Inmediatamente decide salir en busca de Héctor, para vengarse, pero su madre Tetis le pide que espere a que el dios Hefesto, el herrero, le fabrique una nueva armadura.

Tetis le pide a Hefesto una nueva armadura

11-RAPSODIA XXII: LA MUERTE DE HÉCTOR

Una vez armado, Aquiles se lanza furibundo contra los troyanos y mata a un gran número. Siembra tanto terror, que todos se resguardan tras las murallasde Ilión. Todos…menos uno: el gran Héctor.

Cuando llega el momento de enfrentarse directamente a Aquiles, el propio príncipe troyano, tan valiente hasta el momento, siente pánico y huye, pero el Pelida lo persigue alrededor de la muralla. Tras dar tres vueltas en torno a Troya, la diosa Atenea se le aparece a Héctor haciéndose pasar por su hermano Deífobo y le anima a combatir con Aquiles. El troyano, engañado por la diosa, se detiene y se queda solo frente al mirmidón.

Aquiles le clava su lanza en la garganta y Héctor, moribundo le suplica que, al menos, no ultraje su cadáver. Pero Aquiles ignora sus ruegos y, una vez muerto Héctor, “le horadó los tendones de detrás de ambos pies desde el tobillo hasta el talón; introdujo correas de piel de buey, y le ató al carro, de modo que la cabeza fuese arrastrando; luego, recogiendo la magnífica armadura, subió y picó a los caballos para que arrancaran, y éstos volaron gozosos. Gran polvareda levantaba el cadáver mientras era arrastrado; la negra cabellera se esparcía por el suelo, y la cabeza, antes tan graciosa, se hundía toda en el polvo…”

12-RAPSODIA XXIV: EL RESCATE DEL CUERPO DE HÉCTOR

Aquiles repite la acción de arrastrar el cadáver de Héctor alrededor del túmulo de Patroclo doce días.

Príamo, que ha visto el ultraje que ha sufrido su hijo, decide ir al campamento griego, a la tienda de Aquiles, para suplicarle que le entregue el cuerpo de su hijo a cambio de un gran rescate. El rey troyano consigue colarse en el campamento aqueo sin ser visto gracias a la ayuda del dios Hermes.

Pr�amo entra en la tienda de Aquiles. Bajo el lecho de Aquiles está el cadáver de Héctor

Al entrar en la tienda del Pelida, intenta despertar su compasión besándole las manos, pidiéndole que piense en su anciano padre Peleo, de su misma edad, y haciendo que se dé cuenta de que ambos tienen algo en común: el sufrimiento. Así, por un momento Aquiles y Príamo, olvidando la guerra y el odio que los enfrenta, se abrazan y lloran por la mísera condición de los seres humanos:

“Los dioses destinaron a los míseros mortales a vivir en la tristeza, y sólo ellos están descuitados. En los umbrales del palacio de Zeus hay dos toneles de dones que el dios reparte: en el uno están los males y en el otro los bienes. Aquel a quien Zeus, que se complace en lanzar rayos, se los da mezclados, unas veces topa con la desdicha y otras con la buena ventura; pero el que tan sólo recibe penas, vive con afrenta, una gran hambre le persigue sobre la divina tierra, y va de un lado a otro sin ser honrado ni por los dioses ni por los hombres”.

Aquiles se apiada y le entrega a Príamo el cadáver de su hijo y así los troyanos pueden rendir a su mejor príncipe las honras fúnebres.

Y aquí acaba la Ilíada…¡sin decirnos cómo termina la guerra y con el griego Aquiles y el troyano Príamo fundidos en un abrazo! ¿Por qué?

Responses

  1. muy chulo esto eehh…!

  2. wooow….super interesante! no me canso de leer esto…
    =D


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